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2016-07-11 :
Sergio Massa le envió una carta a Mauricio Macri para que suspenda los aumentos de tarifas
El líder del Frente Renovador le solicitó al Presidente que revierta las subas de los servicios. Duras críticas al ministro Aranguren
11 de julio de 2016.
El líder del Frente Renovador, el diputado nacional Sergio Massa, le envió una carta al presidente Mauricio Macri para solicitarle que suspenda y revierta el aumento en las tarifas de servicios públicos, en medio de las quejas de los usuarios y los fallos de la Justicia que ordenaron sus congelar las subas.
Massa alertó que los aumentos aplicados por las resoluciones firmadas por el ministro de Energía, Juan José Aranguren, empezaron a causar "daños importantes a las familias argentinas, a las pequeñas y medianas empresas y a las grandes industrias".
Si bien desde el Frente Renovador reconocieron que "era necesario hacer correcciones" se mostraron en contra del "modo en que se llevó adelante la adecuación tarifaria".
"No se respetaron los mecanismos institucionales. Se apresuraron los cambios sin hacer las audiencias públicas y sin tener en cuenta las características climáticas y urbanísticas de cada región", se indica en la carta que lleva la firma de Massa y que fue está fechada el 9 de julio pasado.
Para Massa, el conflicto en torno a las tarifas se trata de una cuestión "política que requiere una solución política" y propuso "evitar la judicializacion" para que los usuarios tengan garantizado el servicio sin afectar de manera desmedida sus ingresos.
En la carta, publicada en el muro de Facebook de Sergio Massa, el líder del Frente Renovador pidió al presidente Macri que "se suspendan los aumentos y se proceda a realizar los estudios y las audiencias públicas como indica la ley".
La siguiente es la carta completa de Sergio Massa a Mauricio Macri
9 de Julio, 2016
Sr. Presidente de la Nación Mauricio Macri
Tal como advertimos al Ministro de Energía de la Nación, Ing. Juan José Aranguren, en una carta remitida el día 27 de abril del corriente año, el aumento de las tarifas de los servicios públicos implementado, está poniendo en riesgo la salud y el empleo de millones de trabajadores, jubilados, jóvenes, pequeñas y medianas empresas que no cuentan con los medios suficientes para afrontarlo.
Reconozco, al igual que muchos argentinos, la situación de colapso en que su gobierno recibió el sector energético y la urgencia de hacer modificaciones profundas que permitan un horizonte de sustentabilidad en una materia de la que depende el futuro económico de nuestro País.
Sin embargo, debo señalar la falta de profesionalismo y apego a las normas que han tenido algunos funcionarios al desconocer el derecho que tienen los usuarios a participar de audiencias públicas para conocer los fundamentos que motivaron el incremento tarifario.
Es cuanto menos llamativo que en el lapso de 17 días se haya analizado, evaluado, informado, dictaminado y resuelto el incremento de gas sin tener en cuenta las condiciones climatológicas, sociales y urbanísticas que afectan a las distintas regiones de nuestro país.
Las medidas, tomadas de manera intempestiva e improvisada para amortiguar el impacto del ajuste, son insuficientes y no alcanzan a toda la población que, además del aumento de las tarifas, debe hacer frente a la inflación, a la caída de la actividad económica, a la desocupación y a las bajas temperaturas del invierno.
Nada resulta más desesperante para un ser humano que sufrir el frío o el hambre, no poder dormir, no poder procurar para si mismo y para su familia el abrigo y el alimento que necesita para vivir dignamente. La impotencia se extiende a millones de hogares, PyMEs, clubes de barrio, organizaciones sociales y grandes industrias que no saben como hacer frente a la actual situación.
El aumento de las tarifas debe ser asumido como un error serio y debe corregirse urgentemente para evitar que siga provocando daños irreversibles en el tejido social y en la actividad económica. Los amparos y los fallos judiciales que se reproducen a lo largo y ancho del país, amenazan con judicializar un problema que generó este gobierno y que es netamente político.
Con la misma seriedad y responsabilidad con que ayudamos en leyes fundamentales como la salida del default o el pago a los jubilados, le pedimos que revise urgentemente esta situación que causa dolor e incertidumbre.
Desde nuestro rol de oposición constructiva, recomendamos suspender los aumentos y avanzar con el estudio que merece una medida de semejante calibre, respetando los plazos y procedimientos establecidos por las normas, incluyendo las audiencias públicas, distinguiendo las distintas regiones y sectores productivos e incorporando al análisis las visiones que nos permitan generar certidumbre para los inversores sin descuidar el bienestar general de todos los argentinos.
Sinceramente,
Sergio Massa
Diputado Nacional
Frente Renovador
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2016-07-09 :
Crónica de un día memorable
El Congreso de Tucumán empezó a deliberar a las 8 horas de la mañana aquel martes 9 de Julio de 1816. El día amaneció fresco y soleado, como uno del clásico invierno tucumano. El cuerpo empezó tratando una "nota" (hoy lo llamaríamos más pomposamente "proyecto") elaborada por tres congresales: el altoperuano Mariano Serrano, diputado por Charcas, el jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante y el altoperuano, representante por Buenos Aires, Esteban Agustín Gascón. Los tres eran destacados abogados y sometieron a la consideración de sus pares los distintos asuntos a los cuales debería abocarse el Congreso durante su mandato.
En esta hoja de ruta se mencionan importantes asuntos públicos, políticos, institucionales, administrativos, constitucionales, financieros, militares, marítimos y económicos, sobre los cuales el Poder Legislativo de las Provincias Unidas en Sudamérica tendría facultades. Se trata del precedente más remoto del actual artículo 75 de la Constitución Nacional, sobre las atribuciones del Congreso. Entre otros aspectos, preveía:
Desde establecer rigurosas penas contra los alborotadores, saboteadores, desertores o quienes por cualquier motivo, quebrantaran el orden o desobedecieran a las autoridades; hasta definir las atribuciones, facultades y competencias del Congreso, así como la duración del mismo y la de sus miembros.
Desde la consolidación de la unión entre las distintas provincias y pueblos, en forma previa al dictado de una constitución; así como la forma de gobierno a adoptar, hasta definir qué magistraturas (o cargos de funcionarios públicos) sería conveniente crear, cuáles mantener o suprimir.
Desde cómo continuar la guerra de la Independencia, fortalecer nuestros ejércitos y armada, hasta la instalación de un banco nacional y la emisión de moneda.
Desde emitir reglamentos de corso, habilitar puertos e inaugurar escuelas de náutica y matemáticas, hasta constituir una comisión con los mejores militares para mejorar nuestro sistema militar, buscando integrar las desordenadas milicias provinciales a los ejércitos regulares patrios.
Se trataba de un verdadero programa de gobierno moderno, pujante y de avanzada
Desde mejorar la administración general del Estado, la recaudación tributaria, la aduana, designando, manteniendo o despidiendo agentes de la administración pública, según conviniese, hasta la instalación de una nueva "Casa de Moneda" de la que la Provincia de Córdoba solicitaba ser asiento. La ceca existente hasta entonces, que estaba situada en Potosí (Alto Perú), había sido ocupada por las fuerzas realistas.
Desde establecer escuelas e institutos de enseñanza de ciencias, artes, minería, agricultura y dirección, que educaran a la población en estos saberes, hasta la habilitación de nuevos caminos, la demarcación del territorio y los límites, así como la fundación de nuevas ciudades y villas.
Desde el reparto de baldíos públicos o sin dueños, para sumarlos a la colonización o la producción, o entregar la propiedad de tierras a los indios, enseñándoles a hacerlas productivas, a los fines de aumentar la recaudación del Estado para sostener sus cargas, hasta revisar toda la legislación emitida por los Gobiernos Patrios anteriores.
Se trataba de un verdadero programa de gobierno moderno, pujante y de avanzada. Sin embargo, el ítem más importante de todos figuraba con el número 3: "Discusiones sobre la declaración solemne de nuestra independencia política…".
Desde luego que todo este programa de gobierno era propio de un Estado que se reconocía como tal, y que no dependía de ningún otro para tomar decisiones de la magnitud y gravedad enunciadas en la nota. Para ello, obviamente, había que declarar la independencia en forma previa, para poder entrar luego a resolver las demás cuestiones propuestas.
Hasta ese momento, el Congreso había despachado todos los asuntos que llegaban a su conocimiento por mayoría simple de sufragios de los señores diputados; situación que no había sido objetada por nadie ya que no se habían debatido aún asuntos de importancia o significación tal que llevara a los congresales a apelar a una mayoría calificada.
Sin embargo, ahora, con esta "nota", que señalaba temas de trascendencia institucional, política o constitucional, a los que debía abocarse el cuerpo, correspondía que el Congreso resolviera con qué mayoría de votos debían aprobarse cada categoría de proyectos.
Después de una prolongada deliberación, que les llevó gran parte del día, el Congreso aprobó lo siguiente:
1°) Cuando tocara debatir temas de índole constitucional "o de ley" (sin explicar lo que debía entenderse por "asuntos de ley"), se requeriría el voto de un diputado más de las dos terceras partes del cuerpo. Sería lo que hoy llamamos dos tercios más uno, computados sobre la totalidad de los miembros del Congreso.
2°) En los asuntos de límites entre provincias "u otros derechos respectivos", debería aplicarse el art. 9° de la "Confederación y Unión Perpetua" de Estados Unidos (que preveía la conformación de un tribunal federal colegiado especial).
3°) Los asuntos institucionales, trascendentes o graves debían aprobarse con un voto más de la mitad de los diputados presentes. A tal fin, deberían estar presentes en esa reunión, al menos, las dos terceras partes de los miembros del Congreso.
4°) Para todos los demás asuntos que hacen al quehacer ordinario y habitual del Congreso, se decidirían por simple mayoría de votos presentes; que era como venía haciéndose hasta ese momento.
Que ese día se declararía la Independencia era ya un secreto a voces
Luego de horas de debatir estos extenuantes asuntos que, por lógica y conveniencia, debían resolverse antes de tratar el magno tema que nos ocupa, el meticuloso diputado jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante solicitó que, a modo de recapitulación, por Secretaría se leyera lo que se acababa de aprobar, para que la gente que desde temprano se había agolpado en los patios, galerías y adyacencias de la antigua y señorial casona ubicada sobre la segunda cuadra de la calle de la Iglesia Matriz, de San Miguel de Tucumán, pudiera entender lo que sus representantes habían resuelto, antes de debatir el asunto que todos esperaban.
Los dos días anteriores ya prácticamente se había acordado declarar la Independencia en la sesión del día 9, en conversaciones informales entre los diputados, y constantes consultas con los generales Manuel Belgrano y Juan Martín de Pueyrredón, que acompañaron en todo momento al Congreso. La declaración de la Independencia era ya un secreto a voces. Se había corrido la voz que el día señalado para concretarla era el 9 de julio. Después del mediodía, se comenzó a aglomerar una nutrida barra en el fondo de la sala de sesiones, que desbordó hasta los patios de la Casa, y llegó hasta la calle del Soberano Congreso.
No sabemos, luego, qué diputado propuso debatir la Declaración de la Independencia. El Redactor del Congreso (el periódico oficial del cuerpo) simplemente narra que se pasó a tratar este asunto "por indicación general"; dando a entender que hubo un consenso de todos, poco antes de las oraciones. Con lo cual la hora aproximada de la declaración fue a las 4 de la tarde de ese día martes 9 de julio de 1816.
¿Cómo fue el debate por la Declaración de la Independencia? Aparentemente muy breve. Llamativamente no demandó a los diputados el tiempo invertido en los asuntos precedentes en el orden del día. Los representantes no querían dejar pasar ni un momento más, en consideración a la multitud presente, sin ser libres e independientes.
El experimentado secretario Juan José Paso dio entonces lectura al acta que iba a ser votada. No bien hubo concluido, el presidente del Congreso durante el mes de julio de 1816 –la presidencia era rotativa-, el diputado sanjuanino Francisco Narciso de Laprida, les preguntó a todos "si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". No bien el Presidente terminó la pregunta, los congresales aclamaron con ímpetu, aplausos y gritos sus respuestas afirmativas "llenos del santo ardor de la justicia". Se levantaron al unísono todos de sus bancas, y por aclamación, aprobaron, emocionados, y con lágrimas en los ojos, la propuesta que acababa de leerse. Si hubo alguno que dudaba, hasta ese momento, la reacción espontánea de todos sus pares le debe haber hecho cambiar de parecer, y se plegó a los demás en la aclamación.
La alegría y emoción de los congresales se contagió de inmediato a las barras presentes en el recinto, y de allí, al público que esperaba, expectante, en la calle. Inmortalizó el Redactor ese momento en que resonaba "en la barra la voz de un aplauso universal con repetidos vivas y felicitaciones al Soberano Congreso".
Los votos resultaron unánimes, ‘sin discrepancia de uno solo’
Momentos después, que parecieron eternos, acallada la algarabía, y concluidos los abrazos, con los que se saludaron diputados, autoridades y público en general, correspondía formalizar, para la posteridad, lo que se acababa de aclamar a viva voz. Se tomó votación nominal, preguntando por nombre y apellido, uno por uno, a cada diputado, si estaba conforme y de acuerdo con la proposición que acababa de leer el secretario Paso. Informa el Redactor que los votos "resultaron unánimes, sin discrepancia de uno solo".
Cumplido este recaudo formal, correspondía ahora extender, por escrito, el acta de la trascendente resolución que se acababa de adoptar. Expresa el Redactor que "enseguida firmaron todos". Al contrario de lo que venía sucediendo hasta entonces, en que las actas y resoluciones del Congreso eran firmadas únicamente por el presidente, el vicepresidente y alguno de sus secretarios, en este caso, en atención a la trascendencia de lo que se decidía, se creyó conveniente que todos los diputados firmaran el acta asumiendo personal responsabilidad por la decisión trascendente que esos veintinueve bravos acababan de tomar, en el momento más difícil y crítico de la historia argentina; nuestro país se encontraba seriamente amenazado de invasión por poderosas fuerzas realistas, un marco de sangrientas luchas internas y disensos políticos insolubles, así como la invasión de los portugueses a la Banda Oriental, aprovechando el enfrentamiento entre las Provincias Unidas y José Gervasio de Artigas.
Consecuencia del acto de arrojo y valor cívico de aquellos veintinueve representantes en San Miguel de Tucumán es que empezaba a surgir "a la faz de la tierra, una nueva y gloriosa Nación". ¡Viva la Patria!
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2016-07-09 :
Qué significa la "Profecía de Joel" que citó el Papa Francisco en su carta por el Bicentenario
"Estoy convencido de que nuestra Patria necesita hacer viva la profecía de Joel (cf. Jl 4, 1). Sólo si nuestros abuelos se animan a soñar y nuestros jóvenes a profetizar cosas grandes, la Patria podrá ser libre. Necesitamos de abuelos soñadores que empujen y de jóvenes que -inspirados en esos mismos sueños- corran hacia adelante con la creatividad de la profecía".
Esta referencia del papa Francisco a la profecía de Joel, que forma parte de la carta escrita por el Sumo Pontífice en ocasión del Bicentenario, remite a un texto bíblico anterior a la venida de Jesucristo, que pertenece por lo tanto al Antiguo Testamento.
Joel fue uno de los llamados profetas menores, su nombre significa "El Señor es Dios" y se cree que vivió alrededor del año 800 a.C.
En el Antiguo Testamento, los profetas eran enviados divinos para denunciar los pecados de su tiempo y llamar al pueblo al arrepentimiento y a la penitencia como un modo de reconciliarse con el bien y volver a una armonía en su relación con Dios. A menudo, por esta misma misión, ellos fueron perseguidos. La misión esencial y propia de los profetas era formular un llamado a la conversión ante una situación en la que el pueblo elegido se apartaba del camino señalado por Yahveh (Dios, en el lenguaje veterotestamentario).
Frecuentemente los profetas usaron figuras literarias para comunicar mejor el mensaje que debían transmitir, y Joel sigue ese mismo estilo.
Ya en el Nuevo Testamento, hay varios pasajes de los Evangelios que contienen referencias explícitas e importantes a esta profecía, por ejemplo, para explicar a los fieles el universalismo cristiano, un mensaje para todos, sin distinción de particularismos, sin exclusiones. Este rasgo se revela claramente en el magisterio del papa Francisco.
La teología atribuye a Jesucristo una triple misión u oficio: sacerdote, rey y profeta, una condición de la que participa la jerarquía eclesiástica, en primer lugar el Papa, pero también todos los fieles cristianos por medio del bautismo. Estas funciones se especifican en enseñar, santificar y regir, de las cuales la profética es la función de enseñar.
La enseñanza del mensaje cristiano es el anuncio de la palabra revelada y la denuncia de lo que no se halla conforme al designio divino. Uno y otra forman parte del magisterio pontificio.
El estilo del pontificado del papa Francisco tiene un tono marcadamente profético, que se expresa en la denuncia de situaciones de pecado, pero también en el anuncio de la misericordia divina.
El capítulo cuatro del libro de Joel es el último y se lo conoce como "El juicio de las naciones". Comienza así: "Porque en aquellos días, en aquel tiempo, cuando yo cambie la suerte de Judá y de Jerusalén, congregaré a todas las naciones y las haré bajar al valle de Josafat. Allí entraré en juicio con ellas a favor de Israel, mi pueblo y mi herencia, porque lo han dispersado entre las naciones y se han repartido mi tierra".
El mensaje del Papa parece remitir así a un momento final, a una instancia conclusiva de la historia humana en la que Dios juzgará a las naciones como tales, es decir, que además del juicio individual seremos también juzgados como pueblo. Allí se realizará un juicio sobre nuestras acciones y omisiones en relación con nuestras responsabilidades como miembros de una comunidad.
De todo ello se nos pedirá cuenta a los argentinos. Mirando nuestra historia, frecuentemente he pensado que no me gustaría estar en ese lugar y en ese momento.
Francisco escribe a los hijos de esta tierra bendita. Se trata de un mensaje que nos llega con motivo del Bicentenario de una Declaración de Independencia que dio nacimiento a un nuevo pueblo.
Los males que aquejan a nuestra patria han sido objeto de una denuncia en una gran multitud de documentos a lo largo de nuestra historia patria, y los actuales que padecemos hoy están a la vista, en primer lugar una monstruosa corrupción que es de toda la sociedad, no sólo de las clases dirigentes, aunque ellas tengan una responsabilidad primaria.
Joel describe una tierra devastada. Es una Argentina que exhibe sus llagas, con una dramaticidad hasta ahora desconocida.
Pero el mensaje de Francisco no remite solamente a esa realidad oscura y no se queda solamente en una pura admonición, sino que -fiel a su espíritu- aparece cuajado de esperanza, señalando un camino privilegiado en el cual sitúa en primer lugar a los jóvenes y a los ancianos. El sueño de los abuelos y la creatividad de la juventud. Ilusión y heroísmo. Es un llamado para salir de la oscuridad a la luz, a los sueños, pero también a la creatividad. El grito del profeta ha resonado en nuestros oídos una vez más.
*El autor es profesor de la Universidad Austral
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