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2006-05-02 :
Discurso del Gobernador en la Apertura de las sesiones ordinarias
Sr. Presidente de la Asamblea Legislativa.
Sres. Senadores y Diputados Nacionales.
Sres. Senadores y Diputados Provinciales.
Sres. Intendentes y Concejales.
Sres. Funcionarios de todos los niveles de gobierno.
Sres. Mandatarios religiosos.
Sres. Miembros de Organizaciones de la Sociedad Civil.
Sras, y Sres., amigos de todas partes de la Provincia:
Tengo el honor de abrir con este mensaje el año parlamentario. Es para mí, muy importante este momento de la vida institucional, en el que corresponde conjugar, en un mismo acto, reflexión, encuentro y propuesta para la acción. Tres ejes que sostendrán este Gobierno y que deben permanecer instalados para siempre en la vida social correntina.
Desde el momento en que acepté la candidatura a Gobernador de la Provincia, hace aún menos de un año, tuve cabal conciencia de que el tiempo de mi gestión estaría signado por situaciones diferentes a las pasadas, no por una consideración personal o antojadiza, sino como una consecuencia propia de la dinámica histórica. Los hechos se van sucediendo, dando lugar a escenarios diferentes. Hoy, debe destacarse que, gracias al esfuerzo de todos los correntinos, lo peor de la crisis se ha superado. Y quizás puede parecer obvio señalarlo, pero creo que corresponde hacerlo; las características de cada momento entrañan una consideración diferente y requieren de la Sociedad y de su conducción política, actitudes y capacidades también diferentes. Cada hora tiene su clave y nuestra virtud será encontrar la clave de este tiempo.
Este momento político y económico, es desafiante. Quizás ingenuamente pueda creerse que una coyuntura favorable transforma al ejercicio de gobierno, en una actividad rutinaria. Nosotros sabemos que la única manera de consolidar las transformaciones que hemos iniciado, es actuar con inteligencia institucional, un concepto exactamente opuesto a la idea de piloto automático.
Es inteligencia institucional, entender los cambios de escenarios y la permanencia de los valores, priorizar el acuerdo al conflicto, aprovechar el momento favorable para superar nuestros déficits en la estructura económica y reformar el Estado para que pueda ser el actor dinámico que corresponde a una sociedad moderna.
Hubo otros buenos momentos económicos y Corrientes careció de visión, de proyecto y de actores a la altura de las circunstancias.
Bien vale comprender lo que nos ha sucedido. Corrientes ha pendulado, a lo largo de su historia, entre la hegemonía y el caos. Y así ocurría que, o bien una fuerza política dominaba desde el Estado todas las esferas de la vida social y controlaba el territorio, casi como un dominio privado, o bien, tal hegemonía se rompía para dar lugar a situaciones de ingobernabilidad, lucha fraticida e imposibilidad de diálogo, etc. Cualquier correntino medianamente informado puede recordar esos ciclos con nombre y apellido. Tal dinámica política ha tenido y tiene consecuencias directas sobre la vida del millón de ciudadanos: la imprevisibilidad política conduce a la caída de la inversión y a la necesidad de mantener vínculos con el Estado para prosperar. Así y por eso, se deriva en la conformación de sectores sociales rentísticos y acomodaticios y, por supuesto, nula innovación y búsqueda de productividad, con su consecuencia en términos sociales: menos puestos de trabajo, más pobreza y expulsión de la mano de obra, más dependencia de los sectores humildes respecto del Estado. Nadie se llame a engaño: desgobierno o autocracia y pobreza van de la mano.
Cada tanto tiempo, contra el caos se oponía la necesidad de un gobierno fuerte, que luego derivaba en un monopolio político, y poco tiempo después, ante el hastío frente a tal situación y sus excesos, la Sociedad fastidiada promovía su salida, dando lugar a transiciones más o menos caóticas.
En ese ir y venir de nombres y colores, Corrientes ha perdido más de un siglo y no hemos conocido otras alternativas políticas virtuosas. No las hemos conocido porque no las hemos construido.
Un modelo político no es un bien de la naturaleza que podamos recibir por herencia divina, sino una compleja construcción social y cultural que nos corresponde realizar entre todos y liderar a quienes hemos elegido las cuestiones públicas. Un modelo político distinto no se hace repitiendo lo que siempre hicimos.
Ha llegado el momento de comprender la necesidad de no repetir cíclicamente una historia que nos condena al atraso. En ese sentido, el primer gobierno del Frente de Todos ha dado los primeros pasos, sobre todo en tres aspectos: el modelo mismo de conformación de la alianza política, novedosa pero necesaria para garantizar gobernabilidad en tiempos tumultuosos; el cumplimiento de las reglas constitucionales, que nos permitieron llegar hasta aquí sin tachaduras ni impugnaciones, y el sentido de responsabilidad fiscal necesario como primer paso de refundación estatal. Ninguna de estas tres características forma parte de nuestro acervo histórico, sino todo lo contrario: han sido conquistas e innovaciones que, como tales, deben ser reconocidas y valoradas. Son tres pilares a sostener.
Ahora estamos frente a la oportunidad de abrir un nuevo ciclo político que termine con esas idas y vueltas. El anterior proceso, en un siglo nos llevó de ser un Provincia central que se sentaba a la mesa de las grandes y decidía sobre el futuro del país, a ser un espacio político y económico marginal. Es nuestra responsabilidad generacional revertir esa situación. Corrientes puede y debe volver a ocupar aquel lugar, no por otros motivos que nuestro propio empuje, nuestro talento y nuestra decisión de estar a la altura de las circunstancias. No se trata de un lugar que nos vayan a regalar, sino que un proyecto de Provincia acordado y sostenido con compromiso tiene que ser el Norte de esta recuperación correntina.
La condición necesaria para recuperar el protagonismo y poder condicionar políticas públicas que nos beneficien, es seguir adelante con el proceso de cambios, no detenernos en los importantes objetivos logrados; porque sabemos que hay más cuentas pendientes que laureles conseguidos. Así, al cumplimiento de la Constitución, el sostenimiento de la gobernabilidad y la responsabilidad fiscal, hay que sumarle nuevos y más ambiciosos objetivos en el marco de un Programa imprescindible, un Programa que nos movilice y nos aglutine, para volver a ser fuertes.
Y ese Programa ya está en marcha, no con ostentación banal sino con trabajo. Como casi todo en la vida, hay tareas que tienen su momento silencioso, pero que si no se hacen, luego nada puede sostenerse. Nosotros hemos decidido empezar desde abajo y hemos puesto en el centro de nuestra gestión la formación para la acción pública: para nosotros está en primer lugar, sin dudas, la calificación profesional de los decisores públicos, porque la gestión pública no es un lugar para improvisar, sino un espacio de máxima responsabilidad. No podemos tener políticas públicas de calidad, con recursos humanos sin las herramientas necesarias para decidir y emprender. Durante mi mandato, todos seremos nuevamente alumnos, los funcionarios debemos recuperar la actitud de aprendizaje. Sólo quien, absurdamente, cree que todo lo sabe ya nada puede aprender. Nosotros tenemos mucho por aprender, desde trabajar en equipo hasta poder diseñar adecuadamente una política pública, desde aprender a negociar hasta incorporar decididamente la tecnología a la gestión cotidiana. Mi compromiso a favor de un Estado al servicio de una ciudadanía social amplia, empieza por transformarlo en un lugar de promoción educativa, abierto a la innovación y a la calificación profesional. Creo sinceramente, que ésta es la verdadera Reforma del Estado que Argentina no ha hecho: calificar a los agentes públicos para que den el mejor servicio a los ciudadanos, para que comprendan el alcance de sus decisiones, para que no le escapen al cálculo y para que puedan unir rigor profesional y construcción política. Este será un gobierno de aulas llenas, de calificación permanente y pertinente, de nuevas dinámicas. En ese marco, incorporaremos tecnología, no para estar a la moda, sino para jerarquizar en el mismo momento el trabajo público y el servicio público. Lo haremos porque el eje de nuestras transformaciones no es el ajuste sino la recuperación estatal, y esa recuperación necesita de entrenamiento adecuado y normas adecuadas; pero también conectividad, sistemas, y por supuesto, mucho trabajo.
Las mejores políticas sociales, económicas, productivas, requieren de un cuerpo de administración pública muy calificado y equipado; y a la vez, esa calificación contribuye a la legitimación del Estado. Esto que es ya una verdad evidente, todavía debe ser construido en Corrientes.
Es una cuenta pendiente de la Argentina moderna la jerarquización de la función pública, y ha sido una ligereza de gobiernos pasados no darse una política al respecto. ¿Quiénes, si no los funcionarios públicos, van a transformar en hechos las mejores ideas? ¿Quiénes van a sostener en la gestión los principios? ¿Quiénes van a administrar el patrimonio público? La calidad de la gestión pública es algo que rompe el debate sobre el tamaño estatal. Nosotros precisamos un Estado de calidad, para hacer lo que corresponda ser hecho, controlar lo que corresponda ser controlado; y por sobre todas las cosas, para transformar en programa de acciones públicas los deseos y necesidades de los ciudadanos con la mira puesta en el hoy y también en el mañana.
Poner en el centro de la escena este tema, tan alejado de la tapa de los diarios, y tan controversial porque asume nuestros déficits, es cortar de raíz con la política del parloteo y el día a día e ir por una estrategia seria de calidad de gobierno y Desarrollo.
La capacitación del funcionariado debe ser acompañada desde las otras esferas sociales. La Provincia necesita también fuera del Estado, referentes calificados para enriquecer nuestros debates y nuestras respuestas; porque la Provincia no termina en el Estado y debe hacerse entre todos.
El segundo gran objetivo es re-instalar el Desarrollo en el centro de la Agenda Pública. Si bien se avanzó en muchos aspectos macro, necesitamos sostener y hacer triunfar en el conjunto social, un programa de progreso, con la lectura que esto tiene en el Siglo XXI. No sólo queremos que más y más emprendedores correntinos o no correntinos hagan de la Provincia su lugar de trabajo, sino que queremos conjugar emprendedores + innovación + calidad de vida + sustentabilidad + mejores ciudades y también, mejor entorno rural. Para nosotros, el Desarrollo no sólo es crecimiento económico, sino un proceso de fortalecimiento de capacidades sociales que nos permiten mejorar nuestra calidad de vida. Para nosotros, un verdadero proyecto de Desarrollo debe también ser la garantía de posibilidades para el conjunto social y de sustentabilidad de nuestros recursos. Advertimos que sólo las sociedades desarrolladas pueden sostener procesos de inclusión social creciente y a la vez, proteger sus recursos. En cambio, las sociedades postergadas poco pueden hacer en ese sentido. Necesitamos una mirada equilibrada y sensata, porque los tres objetivos: Desarrollo, cohesión social y sustentabilidad deben ir de la mano. Corrientes no debe ni rifar sus recursos naturales ni postergar su Desarrollo en virtud de miradas de máxima que ninguna Sociedad desarrollada sostiene.
Y sabemos que podemos hacer nuestro camino de Desarrollo, si nos damos un marco político y nos capacitamos, porque hay que reconocerlo con todas las letras: hoy están dadas las condiciones de rentabilidad en muchas actividades y sin embargo la inversión, aunque está creciendo, no lo hace al ritmo que nosotros deseamos; estamos pagando caro la falta de espíritu emprendedor y la, quizás lógica, desconfianza en las instituciones.
El Desarrollo como objetivo, por su importancia, ya lo dije, debe ser abrazado por toda la sociedad, y requiere de una conjunción importante de actores que exceden al Estado provincial. Pero, en especial, quiero remarcar el rol de los gobiernos locales, que disponen de la inmediatez como ventaja decisiva, que conocen a los actores, que pueden y deben promover la actividad económica por todos los medios de los que disponen, desde la obra pública hasta las capacitaciones, que deben facilitar la formulación de proyectos para gestionar recursos, que son responsables de la gestión de importantes servicios públicos, que disponen de las políticas de gestión del suelo urbano, que deben involucrarse en el tejido social productivo. Necesitamos gobiernos locales que superen la gestión cotidiana y se alcen como protagonistas de procesos de Desarrollo Territorial. Los Municipios no son gobiernos menores para atender cuestiones simples de proximidad: son el primer eslabón de la legitimidad política y por ello deben ordenar sus cuentas y proponerse objetivos crecientemente ambiciosos.
Corresponde, sin embargo, hacer algún señalamiento para que este mensaje no contenga pecados de omisión. En principio, todos los actores sociales se manifiestan por el Desarrollo, y sin embargo, éste no se produce. Es evidente que manifestarse no es suficiente y que se necesita un compromiso mayor al declamativo. No todos los que dicen estar por el Desarrollo hacen lo que corresponde; para no decir que el Subdesarrollo es un buen negocio para muchos. Sin embargo, nada nos apartará del camino y trabajaremos siempre por una causa que creemos noble y valedera.
El Desarrollo tal cual lo estamos pensando, requiere de un Estado fuerte en lo fiscal, altamente profesional y con una sólida base de legitimación política, para garantizar el financiamiento de las políticas, el buen diseño de las mismas y la continuidad de las reformas de fondo. Creemos que en esta visión, está la bisagra que Corrientes necesita.
Para ese futuro que nos merecemos, el Estado correntino nunca más deberá ser lugar de improvisaciones, ni la caja desmadrada de tiempos pasados, ni tampoco un terreno de disputas infinitas. Queremos apoyar el Desarrollo en la plataforma de la gobernabilidad democrática: consensos amplios, financiamiento claro y profesionalidad técnica.
Consensos amplios sobre bases estrictamente éticas significa que se acuerdan políticas y no favores; financiamiento claro, significa que el bienestar será fruto de nuestro talento y de nuestro trabajo, no del endeudamiento público, como le ha ocurrido recientemente al país y a la Provincia con los peores resultados a corto plazo; profesionalidad técnica, no es otra cosa que asumir la complejidad de la Administración Pública y dotarse de una formación adecuada para responder a problemas que requieren miradas de muchas disciplinas.
Sabemos que las cuentas ordenadas son sólo el paso necesario para salir del abismo, un paso que en Corrientes no es fácil de dar y que fue hecho con tenacidad y decisión. Pero pasado ese momento, sabemos que para estimular la inversión y promover el Desarrollo, debemos avanzar en otros aspectos y hemos seleccionado cinco: a) hemos diseñado, y vamos a perfeccionar, instrumentos específicos que faciliten el acceso al financiamiento de proyectos; sobre todo, de aquellos cuya cadena de valor esté integrada territorialmente. La necesidad de sostener el financiamiento productivo exige razonabilidad fiscal. b) Mejorar las infraestructuras. La infraestructura pública atrae y posibilita la inversión privada. Necesitamos más caminos, puentes, tendidos de redes eléctricas y necesitamos saber de nuestras prioridades para que en el futuro, los recursos se conjuguen cada vez más con las necesidades, tanto de la producción como de la calidad de vida. c) La calificación de la mano de obra. El incremento de la inversión multiplica el empleo, pero, a su vez, exige nuevas competencias más sofisticadas. La Provincia debe, poco a poco, ir adecuando su oferta educativa conforme los requerimientos de una ciudadanía emergente distinta y de un mercado de trabajo también distinto. La educación pública debe volver a ser uno de los pilares de la Justicia Social, garantizando calidad e inclusión. Para darnos una Educación para el Desarrollo debemos volver a pensar y mucho sobre nuestra Escuela Pública, su relación con el entorno, su vínculo con los adultos que deben re-calificarse, la incorporación de tecnología, cómo incrementar las respuestas creativas a los desafíos de dar clase frente a situaciones de verdadero asedio social sobre la Escuela y delegación excesiva de responsabilidades en ella. Para nosotros, un verdadero Plan de Desarrollo nace en una Escuela o un espacio público compartido, más que en un despacho ministerial. d) La articulación público-privada. Un ambicioso programa de Desarrollo requiere de acuerdos y de espacios adecuados y eficientes. Antes de pensar en nuevas oficinas públicas, muchas veces con funciones superpuestas a las ya existentes; creemos que es tiempo de construir una cultura de consenso y compromiso. Así como el Estado correntino ha hecho un gran esfuerzo fiscal, los sectores de la economía privada, muchos ahora en un momento interesante, deben hacer el esfuerzo del diálogo y la sustentabilidad, asumiendo el desafío de producir más y mejor, de integrar cadenas de valor, de calificarse empresarialmente, de asociarse, de intentar expandirse a otros mercados, etc.. Estamos pensando en espacios de integración y trabajo para la Provincia, no en lugares de lobby y extracción de ventajas sectoriales. Hay que reconocer que muchos de los vicios empresariales tienen su origen en un proceso de marginación económica y estancamiento, que, como consecuencia, nos dio un empresariado débil que debe fortalecerse, porque de lo contrario, seguirá perdiendo negocios y protagonismo. Necesitamos empresarios prósperos que ansíen más y produzcan. Tenemos que construir una alianza que le permita a Corrientes realizarse y a sus constructores con ella. La Provincia no puede depender exclusivamente del ingreso de capitales por endeudamiento o de un tipo de cambio favorable. Debemos construir competitividad para disminuir nuestra dependencia e) Nuestra quinta línea de acción es ir sistemáticamente instalando la idea de “visibilidad productiva”. Es necesario que Corrientes pueda ser vista y elegida. Queremos que nuestros productos cada vez mejores identifiquen a esta, Nuestra Tierra, como un ámbito de trabajo, de innovación, de inclusión social, de posibilidades. Ser visibles, es convocar a la inversión, es intercambiar experiencias, es juntarnos para hacernos notar, es certificar calidad, es utilizar más intensamente las tecnologías de comunicación para mostrarnos y hacer negocios. En ese sentido, es estar conectados e incluidos en un espacio como Internet que genera temores pero también nuevas posibilidades de ciudadanía. Es realizar congresos y conferencias y presentar nuestras experiencias en ellos. La construcción de la visibilidad no es un logo o dibujito, ni una campaña, es la síntesis de un ambicioso programa de Desarrollo que excede lo estrictamente económico, un plan de Desarrollo que nos haga, a todos los correntinos, parte de esta epopeya, por recuperar el siglo perdido entre disputas y anarquía.
Un tercer objetivo, tan fundamental como profesionalizar la función dirigente y promover y sostener un programa de Desarrollo, es la construcción de una institucionalidad que refleje el nuevo modelo de gobernabilidad democrática. Necesitamos una institucionalidad moderna que contribuya con nuestros objetivos. Digo “contribuya”, porque ninguna Ley nos exime de la responsabilidad que tenemos en nuestras conductas cotidianas. Somos nosotros quienes cada día valoramos o no el espacio público, respetamos o no las instituciones, impulsamos o no la innovación. La buena legislación sin dudas ayuda, pero hay una responsabilidad política que compartimos legisladores, funcionarios provinciales, Jueces, Intendentes, etc.
Y hace algunos días se ha dado un nuevo e importante paso en esta Casa. Se ha votado por unanimidad la Ley que declara la necesidad de la Reforma Constitucional: tal aprobación recoge el parecer de una opinión pública que mayoritariamente cree que nuestra Carta Magna necesita una adecuación y además, es destacable la unanimidad de criterios respecto de tal necesidad, algo que refleja madurez política. Más allá de todo lo que se pueda discutir, y es legítimo que oportunamente se haga en la Constituyente, la necesidad de reforma es obvia y el momento es el más oportuno. Podemos hacer del proceso reformista un verdadero ejemplo de civismo. Tenemos los insumos, hay disposición al diálogo y hay consenso alto en la mayoría de las materias. La política correntina puede recuperar su imagen y confío lo hará.
Quiero en este punto, hacer un reconocimiento a las Organizaciones No Gubernamentales que, en su momento, cuando la credibilidad pública en los actores políticos se hundía en los peores abismos, propuso la construcción del Acuerdo de Gobernabilidad y, con generosidad, convocó a los partidos políticos a suscribirlo, casi como una hoja de ruta para salir del pozo. Ese Acuerdo es el antecedente que explica este proceso reformista y aquel trabajo ha dado frutos concretos y ha hecho escuela en materia de valores compartidos.
Este gobierno tiene un Norte conceptual, una nueva cultura de Desarrollo y responsabilidad pública y hacia él vamos. Hacer de Corrientes una Provincia más pujante, con un Estado más eficiente y una política de mayor calidad. Son desafíos que debemos sostener un largo tiempo. Ya no se trata de poner afuera de nosotros la causa de nuestros males ni de nuestras esperanzas. Debemos trabajar tenaz e inteligentemente.
La Reforma Constitucional es sólo un paso. Como todos saben, porque lo he anunciado; mi intención es pactar con el Poder Legislativo como referencia de la pluralidad política correntina, una amplia agenda de trabajo sobre los ejes que he puesto de manifiesto, porque un Programa de Desarrollo es de toda la Provincia y todos tenemos que trabajar en él.
En el marco de nuevas relaciones políticas, habiendo salido del pozo recesivo y del aire irrespirable de las sospechas y las denuncias, la clave del nuevo tiempo es saber que, al esfuerzo y la determinación en las convicciones, hay que agregarle diálogo y profesionalismo.
Todas las áreas de gobierno han ordenado sus prioridades de conformidad a este Programa porque contribuyen y construyen Desarrollo además de la Hacienda Pública, la Producción y las Obras, la Cultura, la Salud, la Educación, los Derechos Humanos, la Relaciones Internacionales, las Relaciones con la Comunidad y hasta la última dependencia, cuando orienta su acción a incrementar competencias y permitir al hombre y la mujer correntinos realizarse en todo su potencial.
Quiere el capricho de la Historia que nos toque cada año abrir nuestro período Legislativo el día de la Constitución y del Trabajo, lo que amerita un homenaje para los hombres y mujeres que construyen nuestra Provincia y una reflexión sobre esta coincidencia, en un tiempo en que cada vez más nos damos cuenta de que la cantidad y calidad de trabajo que generamos, tiene relación directa con la calidad y adecuación de las instituciones y el respeto que les tenemos.
Nuestro Programa es ambicioso, pero podemos soñarlo y formularlo porque contamos con el apoyo de un millón de correntinos, porque sentimos la confianza, porque somos responsables, porque no le tememos al trabajo, porque empezamos a dialogar, porque una meta alta nos da más fuerzas, porque cada día hacemos lo que nos toca sin dejar de pensar en el futuro; porque podemos afrontar los cambios; porque tenemos esperanza; porque somos prudentes; porque vamos juntos y vamos bien.
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