Respeto el dolor y el sufrimiento de las víctimas de los incendios en Mercedes y me solidarizo tanto con las personas directamente involucradas en la tragedia como sus seres queridos que atraviesan momentos muy difíciles.
Lejos de recurrir como lo hacen muchos periodistas al morbo y el lenguaje sensacionalista que apenas aporta información y que, por el contrario, contribuye a aumentar la tensión y el dramatismo, me sumo al deseo de aunar esfuerzos para solucionar esta situación dramática que estamos atravesando.
Felicito a los bomberos por su arrojo y a la comunidad mercedeña por su permanente compromiso para colaborar y ayudar a las familias damnificadas. Lo último que se pierde es la esperanza.