En la mitología griega, el Minotauro ocupa un lugar especial. Esto es porque se trata de uno de los personajes protagónicos de la primera época de la cultura griega, la que correspondió a los antiguos pobladores de la isla de Creta, al sur de la Grecia continental, llamados pelasgos. Según las versiones, el Minotauro era un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Hijo de la gran Diosa Madre, esta bestia vivía encerrada en un gigantesco laberinto. Cuando alguien era confinado al laberinto, la muerte era segura, pues tarde o temprano, el Minotauro acabaría con los castigados. La construcción de la morada de este legendario monstruo, había sido encargada por el rey Minos al genial Dédalo. Sin embargo, una vez finalizada la obra, el malvado monarca dejó encerrado a Dédalo, junto con su hijo Icaro, dentro de la trampa mortal que significaba el laberinto. Igualmente, fabricando unas alas que pegaron con cera, Dédalo e Icaro lograron escapar. El padre voló bajo, pero Icaro se acercó tanto al sol que la cera se derritió y sus alas se destrozaron, cayendo el intrépido volador a las aguas del mar. Supuestamente, los dioses habrían castigado la impertinencia del joven, que creyéndose como una deidad, pecó de soberbio. |