El aprovechamiento del contexto natural ha sido siempre una posibilidad de progreso humano. Lo dicho vale para los fenicios, quienes, hace más de 1000 años antes de Cristo, dieron dos magníficas lecciones al respecto. Por un lado, lograron las mejores tinturas para telas de la época. Lo consiguieron gracias a descubrir y explotar una sustancia interna de un caracol marino, llamado caracol de múrice. Así obtuvieron unas estupendas tonalidades en la variedad del rojo. Las vestimentas eran tan llamativas, que a partir de entonces, muchas indumentarias reales -principalmente las capas y los mantos- tuvieron ese color. La otra virtud fenicia fue aprovechar intensamente los poblados bosques que se encontraban en sus territorios. Allí abundaban los pinos, los robles, los abetos y, muy especialmente, los cedros. Estos árboles pasaron a ser un símbolo distintivo de este pueblo. La utilización de la madera fue muy variada, pero los fenicios, hábilmente, la dedicaron a la construcción de embarcaciones. Esto les permitió gobernar el Mediterráneo como ningún otro pueblo de entonces, comerciar por una extensa región y, por si era necesario, estar preparados con la mejor marina del mundo. |